Atrapando las palabras

Si pienso en las cosas que me inspiran cuando escribo un poema o uno de los relatos del blog, no tengo más que mirar la vida, eso sí, con cierto detenimiento. Porque si voy con prisas y nublada por los cientos de pensamientos que me asaltan en cada abrir y cerrar de ojos, haciendo que me pierda en viajes mentales a lo que ya pasó o que divague en ensoñaciones de lo que todavía está por venir, y si a ello añado un extra con las emociones que me provocan y que me llevan al retortero, irremediablemente, la vida se me escapa. Así que cuando decido estar en la vida como quiero estar -observando lo que me llega desde cada rincón de la experiencia, sintiendo con el corazón y con el cuerpo que nunca engañan- entonces, aparecen las palabras. Ellas ponen nombres a las vivencias, las recolectan audaces de mi memoria, hacen que reviva sus emociones, que vuelva a paladear sensaciones, consolidan aprendizajes, o simplemente consiguen que perduren los sabores, dulces o amargos, de lo vivido. En esos momentos de calma, de apertura al instante, de curiosidad, de conciencia y de corazón, ellas consiguen que me convierta en lo que también soy: una mujer de palabras. Ilustra Pepa Pérez Blasco con el collage titulado: “Mujer de palabras”. Sed felices. Hasta dentro de dos semanas. Julia.

A veces corro tras ellas para que no se me escapen, son las palabras fugaces, rápidas, breves, cortitas, de pocas sílabas y habituales, no puedo apartarlas por básicas porque construyen puentes a las que se creen esenciales.

Otras las encuentro en la calle, ¡callejeras! Si veo un pelícano rojo guiñándome un ojo, saco de su buche palabras aladas que sobrevuelan la página.

Algunas las presiento detrás de mi oreja, las juguetonas, susurrantes, obligando a los oídos a estar bien abiertos a cualquier detalle, tímidas bonitas, ¡adelante!

Las hay que vienen cantarinas en estéreo envolvente cuando voy en el coche, bailamos soul en primera, jazz en tercera y pop rock si cambio a sexta.

Muchas aparecen entre los árboles,  mueven las ramas destilando olores de colores, las fresquitas y naturales con aromas florales, a hierba mojada y a fango suave, otoñales.

Palabras que vienen de otras voces, de otros aires, componiendo melodías impensables.

Están las remolonas de la mañana que con un café se despiertan y hablan sin tapujos, son directas, nada las frena, vaya inconsciencia.

Las miedosas no se atreven por si alguien las juzga y se desbaratan de la vergüenza. También están las locas con las que me río y me divierten, me contagian y me ganan para siempre.

Otras suplican aparecer en la escena y me ponen carita de pena, menudas pícaras ellas.

Las palabras tristes me conmueven, las guardo en un abrazo hasta que ellas quieren, las consentidas que me enternecen.

Algunas salen de la sopa, insípidas o sabrosas, o las leo en los silencios, muchas danzan en los labios, las que tiritan de miedo, las que huelen a fragancias de perfumes ajenos, las que mueren en los textos, o las que vienen cuando sueño.

Ninguna mía, me las encuentro, para jugar o sufrir con ellas, para pintar sobre lienzos con pinceles de vocablos hechos de sonidos extensos, y así sentir sus texturas, el corazón de las letras, con cada trazo, en cada huella…

No son mías por decirlas, no tienen copyright ni patente, aparecen, desaparecen. Son ellas las que escriben, las que narran las historias, las que crean los poemas. Yo las atrapo porque se dejan, pero no son de nadie, sólo de ellas.

16. Mujer de palabras

Atrapando las palabras es una poesia escrita con por

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9 respuestas a “Atrapando las palabras

  1. Una Joia i una petita meravella. Molt agraïda, amiga.
    Em porten els teus versos als d’un altre poeta….

    » Naveguem entre somnis
    per les paraules i els colors
    i els preguntem: Qui som?
    Mai no responen. No més es deixen fer
    i ens miren de reüll
    ( C. Duarte)

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