La tostada con sabor a Universo

Como cada día al llegar a su lugar de trabajo encendía el ordenador, las luces y el aire para refrescar el ambiente que el sol del día anterior había cocido a golpe de rayos y horas. Entonces sacaba de su mochila lo previsto para su jornada. Mientras todo iba despertando, cogía un poco de dinero, el tabaco y salía llaves en mano de su despacho. En su camino a la cafetería, los primeros encuentros con los tempraneros, los buenos días con palabras, con gestos sin estridencias, más bien con suavidad, y siempre aderezados con una sonrisa del corazón.

Aquella mañana algo rompió su rutina diaria cuando advirtió que sus tripas reclamaban alimento sólido para acallar los tímidos rugidos que pedían algo más que una taza de café con leche. ¡¡Tostadas con tomate!! Sí, antioxidante natural con dos pequeñas rebanadas de pan preferiblemente tostado, espolvoreadas con unos cuantos granitos de sal y un ligero toque de aceite de oliva. Suficiente para satisfacer a su estómago hambriento. Para finalizar un poco de café cortado con leche acompañado de un cigarro como colofón al desayuno.

Aunque no era precisamente una diestra camarera, pudo arreglárselas para llevarlo todo a la terraza, elegir una buena mesa y disponerse a tomar tan grato y deseable manjar. Todo estaba perfectamente dispuesto en la mesa, como un ritual, cada elemento ocupando su lugar, el mejor lugar: el central para el pequeño plato, un poco más allá la taza, a la izquierda el tabaco y a la derecha, alejado del café, el móvil por si había que atender alguna urgencia.

Ella se sentía en un espacio único y silencioso, ahora suyo y abierto solamente a las sensaciones que le iban a llegar en cuanto empezara a hincar el diente a la tostada

Esa mañana había decidido disfrutar con absoluta atención y sin prisas de lo que tenía delante de sus narices. La terraza se iba llenando con otros desayunos y conversaciones propias de los que compartían mesa. Pese al alboroto que se iba gestando a su alrededor, ella se sentía en un espacio único y silencioso, ahora suyo y abierto solamente a las sensaciones que le iban a llegar en cuanto empezara a hincar el diente a la tostada con tomate, aceite y sal.

La ceremonia empezaba. Cogió la tostada que tenía más cerca de su mano derecha. Al ver el tomate empapando el pan, quedó fascinada por su color rojo brillante transformado en pequeñas partículas de fotones luminosos que desfilaban danzantes como purpurina alegre hasta sus pupilas.

El espectáculo no había hecho más que comenzar. Mientras se impregnaba de todas las tonalidades de rojos y anaranjados, llegaba sutil el olor del tomate a las fosas nasales, las atravesaba y seguía su recorrido hasta la garganta donde acababa saboreando su olor. Lentamente, inclinando la cabeza con veneración, abrió ligeramente la boca y dio un pequeño mordisco al pan. Bolitas explosivas chapotearon en la lengua inundando todo el habitáculo bucal, entrometiéndose por los finos resquicios entre los dientes, haciéndose agua sabrosa que se perdía por la garganta.

Cada sentido se abría con cada bocado, cerraba los ojos para envolverse del aroma, del sabor, o del tacto, sintiendo el aceite que se desprendía de la tostada

Cada sentido se abría con cada bocado, cerraba los ojos para envolverse del aroma, del sabor, o del tacto, sintiendo el aceite que se desprendía de la tostada formando surcos caprichosos que dibujaban amarillos ocres por sus dedos.

Con todo el despliegue de sensaciones, se avivó el deseo de saber sobre el tomate que iba nutriendo su organismo. Imaginó su trayectoria: en algún momento alguien plantó una matita en una tierra fértil, y la mano que la plantó dejó su impronta, la de su vida, sus recuerdos, sus antepasados, y con ella plantó su historia. La tierra lo ayudó a crecer, sus minerales, los abonos, el de los animales que la habitaron, los seres que la ocuparon. La lluvia también lo cuidó y alimentó, ¿de dónde vendrían las nubes?, ¿dónde se formaron?, tal vez procedían de los Andes o de Sevilla o de Italia o de al lado de casa… seguro que traía consigo parte de sus ríos o de sus mares.

El sol le dio calor y lo ayudó a madurar. ¿Quién te recogió tomatito hinchado? ¿Fueron amables contigo? ¿Alguien te dio las gracias por tu belleza? ¿Te pusieron seguro cuando te trasladaron y cuando te llevaron por los comercios? ¿Cómo eran las manos que te acogieron? ¿Y las que te cortaron? ¿Cómo fuiste rayado?… Imaginaba las historias que se escondían a sabiendas de que nunca las sabría.

Aquel desayuno le supo a gloria, a Universo, lo sintió en ella, a las personas, a los países, a los animales, a la tierra, a los ríos, a las nubes, al sol, a las tormentas… a cada bocado el Universo entero, certero, en un tomatito rojo con una pizca de sal y un trocito de cielo.

Ilustración La Tostada con sabor a Universo de Pepa Pérez Blasco

El comentario de Julia ...

Querido lector, querida lectora,

¿Alguna vez has observado cuáles son tus hábitos alimenticios? ¿Qué alimentos ingieres? ¿Eres consciente de la forma en que comes? ¿Comes con tranquilidad o  “tragas” la comida mientras haces otras cosas como ver la televisión, leer, contestar wasaps, hablar o trabajar?  ¿Cuáles son las razones que te llevan a comer: ansiedad, depresión, evitación ...?

Si el ejercicio de la uva pasa te permitió descubrir una nueva experiencia relacionada con la comida, te propongo que, un día a la semana, hagas una comida consciente, sin televisión, sin dispositivos electrónicos, sin distracciones. Un momento tranquilo en el que puedas prestar atención sólo a la experiencia relacionada con la comida, comiendo a cámara lenta, con todos los sentidos: observando la amplia gama de colores, formas, texturas, sabores; escuchando los sonidos, atendiendo a tus emociones, a los pensamientos, siendo consciente de cómo el alimento va nutriendo tu organismo; relacionándote con la comida, viendo lo que nos vincula a los alimentos, a los objetos que usamos para comer y a los que están presentes en el espacio que ocupamos.

El acto de la comida nos recuerda también que los seres humanos, los animales, la Naturaleza en general y la vida en su totalidad, son participantes de nuestra experiencia.  Nos habla de interconexión, de vínculos y también nos invita a ser agradecidos.

Bon Appétit!

Os dejo el tráiler de la película: “Una pastelería en Tokio”, lenta, delicada, sencilla, poética; en la que la paciencia, el momento presente, los pequeños detalles y el amor constituyen los ingredientes esenciales de unos dorayaki exquisitos.

Una película sobre la comida, y también sobre la interconexión y el arte de escuchar: “He hablado con las judías, he escuchado su voz, he visto el camino que recorrieron antes de llegar a la tienda: el sol que las abrazó, el agua que las regó. He visto cómo crecieron y cómo ahora están acá. La cocina es el arte de escuchar”. ¡Espléndida Naomi Kawase!

Hasta dentro de 15 días.

Que seáis felices.

Julia.

La tostada con sabor a Universo es un relato escrito con por

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5 respuestas a “La tostada con sabor a Universo

  1. Hola, María José, enhorabuena. He leído tu poema-vivo su piel, su olor, sabor y juego con la idea- y tu relato, qué placer poder disfrutar de lo más sencillo y cercano. ¡Cómo llena esa tostada plena de sensaciones y autenticidad! Larga vida a tu blog, creo que voy a aprender mucho de él.

    Sara Casas

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